Navegando por el ciberespacio me encontré con un excelente tema para comentar, expuesto por el psicólogo y sexólogo Ezequiel López Peralta. Además de dar consejos a los varones para lograr orgasmos múltiples y muchos otros datos, es interesante plantearse cuál es nuestro estilo de seducción.
Algo que resulta maravilloso de nuestra época es la diversidad y la posibilidad de manejarnos con libertad dentro de parámetros mucho menos rígidos que los de otros tiempos. Podemos ser varones o ser mujeres de maneras muy diferentes, y sin pensar que necesariamente hay cosas que son solo de uno o de otro género. Y así como cambiaron tanto los roles y los patrones de comportamiento, también se diversificaron los modelos de atracción sexual. Varones y mujeres de características muy diferentes pueden resultar igualmente atractivos. A su vez, los códigos de la seducción se están redefiniendo y las maneras en las cuales se producen los acercamientos entre “pretendientes” dejaron de ser estructuradas, predecibles y ritualizadas, para adquirir espontaneidad y plasticidad. En síntesis, los estilos y los recursos para seducir se han flexibilizado y las variantes se han enriquecido notablemente.
Vamos a diferenciar entonces entre estilos y recursos para seducir. Cuando hablo de los estilos para seducir, apunto a una línea o a un marco general dentro del cual pueden utilizarse diferentes recursos. Para ser sintético, tomaré como referencia tres estilos de seducción (válidos para varones y mujeres) y además indicaré cuáles son los recursos más utilizados habitualmente dentro de cada uno de ellos.
a) El estilo intelectual
En este caso la clave de la seducción es el saber. Contar con información importante acerca de un tema en particular, o conocer de temas variados y distintos, sin lugar a dudas pone al otro en un lugar de respeto. La capacidad de asociación rápida, de abstracción, de análisis, de síntesis, de recordar hechos o conceptos, son parte de lo que se denomina habitualmente inteligencia (sin analizar el concepto desde el marco de las “inteligencias múltiples”).
Quizás el poder de la atracción intelectual radica en que se supone que detrás de un ser inteligente habitan otras cualidades que también son deseables, como la serenidad, la tranquilidad, el control de los impulsos, la empatía, la seguridad, la protección, el éxito laboral y económico.
Si nuestro estilo es el intelectual mostramos nuestra capacidad a veces de manera natural porque el contexto nos lo permite (por ejemplo, el profesor en un contexto académico o el médico en un contexto asistencial). Y otras veces llevamos la situación hacia terrenos que dominamos: sacamos temas de conversación en los cuales podemos hacer gala de nuestros conocimientos, contamos anécdotas personales, hacemos una reseña de logros intelectuales. El lenguaje corporal es particular y acompaña al contenido de nuestro discurso: solemos adoptar una postura erguida, cruzar los brazos, llevar una de manos o un dedo hacia la barbilla, mirar fijamente y con serenidad. Algunos “soportes” materiales son bienvenidos para reforzar la imagen intelectual: anteojos, saco y corbata, maletín, diplomas, lapiceras refinadas, biblioteca repleta de libros, etcétera.
b) El estilo carismático
Este estilo integra algunas virtudes personales que dan lugar a que una persona se sienta absolutamente cómoda y atraída hacia alguien. Si el estilo con el que nos identificamos es el carismático tenemos las habilidades sociales necesarias para llamar la atención, generar curiosidad y provocar admiración, atracción interpersonal y deseo. Algunas claves son el sentido del humor, la capacidad de hacer sentir cómodo, confiado y relajado al otro, el dominio del discurso, la asertividad, la expresión de las emociones, el cuidado de nuestra estética.
El atractivo del estilo carismático se basa en la posesión de virtudes que la mayoría de los varones y mujeres deseamos. Por eso despiertan en nosotros un encanto muy personal, inevitablemente dejan su marca y tienen un imán que les permite destacarse por sobre los demás. La postura y la forma de encarar las relaciones interpersonales permite al otro relajarse y liberar emociones, sentimientos y pensamientos que en otras ocasiones resultaría mucho más difícil. Nos hacen sentir a los demás muy especiales, y nos transmiten una mirada positiva de la vida. Todo esto hace suponer que detrás de alguien tan encantador, existe en potencia una relación saludable, divertida, relajada, estable y equilibrada.
Si somos carismáticos expresamos un perfil desinhibido y encarador. Mostramos firmeza y recursos suficientes como para superar los obstáculos que se presenten. Somos la persona a la que todos se quieren acercar. Un lugar cerca de nosotros es motivo de disputas y de celos entre los demás. Utilizamos un lenguaje justo y preciso, sabemos hablar y escuchar en el momento adecuado. No nos tiembla la voz si tenemos que decir “no”, pero lo hacemos con diplomacia. La mirada es cálida, el tono adecuado al contexto en el que nos insertamos, la sonrisa es amplia. Solemos mostrar afecto por los demás apelando a toques suaves con las manos y a abrazos. Y mantenemos la distancia espacial justa para que el otro se sienta cómodo pero no intimidado. Hablamos de nosotros mismos lo justo y necesario, de manera tal de no caer en el narcisismo y a la vez dejar una buena dosis de misterio sobre nuestra vida rondando en el ambiente.
c) El estilo sensual/erótico
Se trata del estilo que asociamos usualmente con la seducción. El atractivo del estilo sensual tiene como sustento principal la belleza física, de acuerdo a lo que es considerado bello en un tiempo y en un lugar determinados. En nuestra cultura occidental, coexisten diferentes parámetros de belleza. Incluso algunos resultan opuestos en sus características. Nada tiene que ver el varón “metrosexual”, que cuida al milímetro su imagen tanto más que una mujer típica, con el “retrosexual”, que tiene un estilo similar al del “macho recio” de imagen dura y descuidada. Tampoco son parecidas la mujer súperproducida, que no deja detalle sin atender, con la mujer sencilla, que seduce a cara lavada y sin demasiados preparativos. Las personas con estilo sensual/erótico nos generan una atracción primitiva, automática y vinculada con el impulso erótico, movilizando la química del deseo.
La conocida idea de que “lo bello es bueno”, nos conduce a pensar que una persona bella es además exitosa, con estatus, hábil para las relaciones sociales y de alta estima. Es verdad que la belleza facilita muchas veces el camino para lograr objetivos, en diferentes planos de la vida. Y también es cierto que buscamos asociarnos con personas bellas.
Si actuamos utilizando las tácticas del seductor sensual, apuntaremos a resaltar nuestras mejores virtudes estéticas. Acomodamos el vestuario para mostrar sugerentemente determinadas partes del cuerpo, moldeadas por la naturaleza, la gimnasia o la cirugía. Con el peinado, el maquillaje (o la falta total del mismo) y los accesorios como relojes, tatuajes, pulseras, aros, piercings y collares perseguimos el mismo objetivo: despertar el instinto ajeno. Para complementar lo anterior, cuidamos otros detalles asociados: el modo de caminar, los gestos al hablar o al escuchar, la mirada cautivante, el tono de voz susurrante, la media sonrisa, el perfume.
Para completar este punto de los estilos para seducir, me parece importante destacar dos cosas:
Primero, que este esquema planteado no es rígido ya que es posible que integremos recursos de dos o más estilos, o incluso que a lo largo de la vida asumamos estilos diferentes.
Segundo, que si nos ubicamos dentro de uno de los tres estilos no necesariamente adoptamos todas las cualidades enumeradas para cada uno. Por ejemplo, es posible despertar el impulso erótico (estilo sensual/erótico) con una voz acariciante y una linda sonrisa, sin precisar de otros “requisitos”.
La pregunta final, luego de toda esta información, es: ¿con qué estilo te identificas?....¿y yo, con cuál me asocio?.
